A los indígenas guaraníes, a quienes los españoles derrotaban a diario, les pareció que los blancos debían su fuerza a la cruz, por lo que tomaron la decisión de quemarla. Aprovecharon una mañana en la que los españoles dejaron el fuerte y un gran grupo de indígenas se aproximó a la imponente cruz para hacer la hoguera. Algunos de los españoles que quedaban, al darse cuenta y estando en desventaja por números, corrieron a esconderse entre los matorrales para ser testigos de lo que ocurría sin ser descubiertos.
Mientras tanto, los indios hacían lo propio, pero por algún motivo las llamas no se consumían en la madera de la cruz, sino que apenas la rodeaban. Frustrado en su fechoría, uno de los indígenas tomó una rama y la encendió para acercarla a la cruz, pero en cuestión de segundos apareció una nube en el cielo y desprendió un rayo que fue a dar justo donde se encontraba el indio, dándole muerte en el acto.
Tanto los indígenas guaraníes como los pocos españoles que estaban escondidos entre la maleza fueron testigos de lo sucedido y salieron despavoridos al verlo. Así pues, los indios se convencieron de que hasta el mismísimo cielo protegía a los españoles y la historia fue contada entre ambas civilizaciones por generaciones.
Actualmente, La Cruz de los Milagros se encuentra custodiada en una caja de cristal de roca donada por los españoles, dentro de la Iglesia del Milagro en la ciudad de Corrientes. Está hecha de urunday y aseguran que se mantiene con estrictos cuidados. Las que salen en las peregrinaciones son replicas de la original.
Fuente: Diario Época
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