| 12/05/2024
Fue su novia, ahora impulsa su beatificación
“Lo conocí. Fue mi novio”. Sandra Amaral habla de Carlos Rodolfo Yaryez, ahora en camino hacia la santidad, en un proceso que comparte con otros dos laicos, María Cruz López y Víctor Schiavoni. Los tres ya son considerados siervos de Dios, el escalón previo a ser declarados beatos, proceso que aspira concluir con la canonización por parte de la Iglesia.

Calos Yaryez nació en Tabossi, el 29 de marzo de 1966. Cuando contaba con 4 años su familia se mudó a Paraná: aquí cursó la secundaria en la Escuela Técnica Nº 3 Luis Cenobio Candelaria; luego se anotó en la carrera de Ingeniería Electromecánica en la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Paraná: no pudo finalizar sus estudios. Falleció el 30 de octubre de 1990 de leucemia. Tenía 24 años.

A los 16 años Carlos Yaryez se incorporó a un grupo de estudio de la Doctrina Social de la Iglesia y, posteriormente ingresó a las filas de la Acción Católica Argentina en la Iglesia Catedral de Paraná. Inicia un noviazgo con Sandra Amaral, miembro de Acción Católica de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, relación que dura seis años, hasta su muerte.

En tiempos en que el teléfono de línea era una rareza, y los celulares no estaban en la cabeza de nadie –menos las redes sociales-, Carlos y Sandra se escribían cartas. Las cartas que él le envió a ella quedaron guardadas en la casa familiar de los Amaral. Cuando su novio murió, Sandra las recuperó, las releyó: “Nos escribíamos mucho; me escribía todavía sin estar enfermo me mandaba cartas. Las guardé luego de que falleció y me olvidé. Después que sale esto, aparecen estas cartas en la casa de mis padres. Cuando las empiezo a reeler descubro un mundo de amor, de dulzura, de deseos de santidad. Un chico de 18 años que me escribía y me preguntaba: `Cómo va tu santidad`. Cuántas veces nosotros, los jóvenes, o nosotros los grandes nos preocupamos por el otro. Cuántas veces nos preocupamos por preguntar cómo va tu santidad, cómo va tu relación con Dios”, dice Sandra.

Sandra Amaral se casó, es madre de dos, y está en el equipo de postulación de la causa de Carlos Yaryez.
“Su locura era la santidad –recuerda a Carlos- pero no esos santos de libro, sino que él ansiaba el deseo de llegar al cielo. Y ese mismo deseo lo transmitía, y procuraba que sus amigos también tuvieran esas mismas ansias. Cada cosa diaria la vivía de una forma extraordinaria, tomado de la mano de Dios”.

María Cruz López

María Cruz López es la primera de los cuatro hijos del matrimonio de Daniel López y Noemí Johnston. Nació el lunes 24 de noviembre de 1986 en Paraná. En 2004, con tan solo 18 años, le diagnostican leucemia. Murió dos años después, en 2006, mientras cursaba la carrera de Ciencia Política en la UCA.

Estudió la primera en el Instituto Cristo Redentor, y luego se muda a la escuela de la parroquia Nuestra Señora de Luján, donde también cursó la secundaria. Inició su participación en la Iglesia en el Movimiento Misionero Claretiano, con 14 años, en la capilla San Francisco Javier, y desarrolla una activa participación barrial. A los 17 se sumó a la Acción Católica en San José Obrero.

Su biografía cuenta que en 2004 empieza a transitar el camino de su enfermedad. Aparecen varios síntomas clínicos en su viaje de egresados. Frente a los primeros estudios, el médico pensó que podría tratarse de una mononucleosis. Pero el 30 de septiembre, rumbo al sanatorio, les dice a sus papás: “Parece que los problemas son graves, voy a tener que ofrecer algo más que una mononucleosis”. Se confirma el diagnóstico de leucemia.

Sus biógrafos relatan que María Cruz López “aceptó la prueba como voluntad de Dios y decidió ofrecer su enfermedad, especialmente, por la unidad de su curso (venía compartiendo los últimos años del secundario con un curso difícil, desunido, con muchos problemas de conducta), también por su familia y por los sacerdotes. Con el pasar de las semanas, luego del inicio del tratamiento, el diagnóstico empeora: padecía de Linfoma hepatoesplénico, una enfermedad oncológica infrecuente ymás grave. Aún internada, mantuvo fiel su espíritu de servicio, pensando cómo ayudar a quienes también estaban internados y acompañando a todos en oración. Ella, desde su cruz, rezaba por otros. Y sin saberlo, despierta en los distintos ambientes en los que se la conoció la oración y el acercamiento a Dios para pedir especialmente por su salud”.

El trasplante de médula ósea, en 2005, no la ayudó a superar la enfermedad que reaparecería a finales de ese año. Sus padres relatan que a pesar de lo cruento, agotador y doloroso del tratamiento anterior, nunca la vieron ni escucharon quejarse.

Falleció el viernes 2 de junio de 2006.

Víctor Manuel Schiavoni

Victor Schiavoni nació el 24 de noviembre de 1977 en Lucas González, departamento Nogoyá. Hijo de Víctor Alberto Schiavoni, de oficio ladrillero, y Ramona Benedicta Martínez, hermano de cuatro -tres hermanos que viven en Río Grande, Tierra del Fuego, una hermana que permanece en Entre Ríos-, fue un chico de misa y asistencia casi perfecta a la iglesia. Nació en la zona rural de Lucas González -a una legua del pueblo, dirá su tía Graciela- pero asistió a la primaria en el Colegio Castro Barros San José de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, la misma congregación que denunciaría al cura Juan Diego Escobar Gaviria por abusos en la casa parroquial de la iglesia San Lucas Evangelista.

A los 9 años se inició como monaguillo en la parroquia San Lucas Evangelista junto al cura Fernando Ezcurra. A su muerte, que ocurrió el 7 de septiembre de 1995, con 17 años, se encontraron partes de su diario personal. Víctor escribió: “Entre los primeros libros que leí se halla `Memorias de la Hermana Lucía` que me marcó mucho y me hizo descubrir el secreto del dolor con el tiempo”.

En 1991 había ingresado al Seminario. Cierta vez, un bedel –especie de preceptor- le llamó la atención por tener ese diario donde escribía poesías románticas. El bedel le dijo que eso no le hacía bien para una vida de consagración, que tenía que aprender a renunciar a soñar con un futuro noviazgo o a un amor humano. Se deshizo de casi todo su diario. Sólo se encontraron partes a su muerte.

A finales de 1995, luego de pasar por la Basílica de Luján, le hizo un comentario al sacerdote a cargo del grupo, Pedro Barzán. “Le voy a ofrecer mi vida a la Virgen”, le dijo. En ese viaje, Víctor mostró los primeros síntomas de su enfermedad aunque entonces nadie pensaba en leucemia ni en un desenlace rápido. Entonces manifestó que tenía un molesto dolor en el cuello.

De regreso a Paraná, y en viaje de regreso a Lucas González le pidieron que consultara con un médico. Cuando regresó al Seminario traía un mensaje de su familia: que lo llevaran al Hospital San Martín por cuanto el médico de Lucas González le había diagnosticado un quiste. Aquí le dieron la mala nueva: leucemia. Le dijo a su director espiritual que no se quejaría: “Si la Virgen me lo manda, yo lo acepto, no me voy a quejar”.

El proceso

La novedad se conoció el lunes 8 de mayo de 2023 en la Catedral, durante la misa de acción de gracias por los 25 años de ordenación episcopal del arzobispo Juan Alberto Puiggari. En ese ámbito, el canciller de la curia, Hernán Quijano, leyó una comunicación procedente del Dicasterio de las Causas de los Santos del Vaticano que anunciaba el inicio de la causa de beatificación y canonización de los siervos de Dios Carlos Rodolfo Yaryez, fiel laico, Víctor Manuel Schiavoni, alumno del Seminario, y María Cruz López, fiel laica.

La comunicación del Dicasterio para las causas de los santos, fechada el 28 de marzo de 2023, indica que “no existen obstáculos para dar curso a la causa de beatificación y canonización de los mencionados siervos de Dios, y que se procederá según las normas establecidas para las investigaciones diocesanas de las causas de los santos”.

El camino a la santidad, no obstante, es complejo y largo.

Al fallecer una persona «con fama de santidad», el obispo local y el postulador de la causa piden iniciar el proceso, presentando ante la Santa Sede un informe sobre la vida y virtudes de la persona. La Congregación para las Causas de los Santos examina el informe y dicta el decreto «Nihil obstat», es decir, que no hay impedimento para iniciar los estudios en profundidad. El candidato es llamado Siervo de Dios.

Una vez que se tiene el «Nihil obstat», el obispo diocesano dicta el decreto de Introducción de la Causa del ahora Siervo de Dios.

A nivel diocesano se estudia la vida del siervo de Dios y se prepara un informe con testimonios y pruebas documentales que afirmen que efectivamente vivió como un santo, identificado con Jesús. Este informe, que requiere de años de trabajo, se envía luego al Vaticano para su análisis. Entretanto, el postulador de la causa difunde su devoción privada, de modo que se haga más conocida su figura.

La Santa Sede analiza los documentos presentados por el tribunal local y, si es el caso, declara que el candidato es venerable. Es decir, que vivió y practicó las virtudes cristianas en grado heroico: las cuatro virtudes cardinales (justicia, templanza, fortaleza y prudencia) y las tres teologales (caridad, fe y esperanza).

Para la beatificación de una persona cristiana, además de las virtudes heroicas, se requiere un milagro obtenido a través de su intercesión y verificado.

Las beatificaciones las realizaba generalmente en Papa, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Pero desde octubre del año 2005, bajo el papado de Benedicto XVI, la Congregación para las Causas de los Santos dispuso para las ceremonias de beatificación la celebración en la diócesis que haya promovido la causa y, eventualmente, la realización en Roma.

Con la canonización, al beato le corresponde el título de santo. Para llegar a esto, hace falta otro milagro, ocurrido después de su beatificación. Al igual que ocurre en el proceso de beatificación, el martirio no requiere habitualmente un milagro. Esta canonización la hace el Papa en la basílica de San Pedro o en la plaza de San Pedro del Vaticano. En el caso del papa Juan Pablo II, las canonizaciones las realizaba en el país de origen del beato a canonizar durante sus viajes pontificios por el mundo. Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia católica. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.

Una fecha clave

El último martes 7 Puiggari presidió la misa en la que se rezó por la glorificación de los siervos de Dios Carlos Rodolfo Yaryez, fiel laico; Víctor Manuel Schiavoni, alumno del Seminario; y María Cruz López, fiel laica. Al final, se realizó el acto formal de apertura de la instancia diocesana de las causas de beatificación y canonización.
El arzobispo sostuvo que “este acto se trata de un hecho histórico, formal, con silencio y respeto, lo que demuestra la importancia y la grandeza que tiene este momento en la historia de Paraná, como así también las exigencias de la Santa Sede: un momento de gracia».

«Ellos en el cielo no necesitan nada: ni Carlos, ni María Cruz, ni Víctor necesitan que les pongamos la corona, ya están contemplando a Dios: cuando Dios proclama un santo, es porque quiere que sean ejemplos», sostuvo.
Del acto de apertura de las causas de canonización de los siervos de Dios Yaryez, Schiavoni y López, participaron también el vicario general, presbítero Eduardo Tanger; el promotor de Justicia, presbítero Luis González Guerrico; y el vicecanciller, presbítero Daniel Silguero.

Por las partes actoras, estuvieron el presidente de la Acción Católica arquidiocesana, Sebastián Ríos; el rector del Seminario Arquidiocesano, presbítero Cristian Torres; y el presbítero Jorge Fontana, por la parroquia Nuestra Señora de Luján.

Carlos Rodolfo Yaryez
Actora: Acción Católica Arquidiocesana de Paraná.
Instructor: Pbro. Ariel Folonier
Postuladora: Dra. Silvia Correale
Vicepostulador: Pbro. Ignacio Patat
Notarios: Ariel Antonio Albornoz y Stella Maris Barrios
Promotor de Justicia: Pbro. Dr. Luis Anaya
María Cruz López
Actora: Parroquia Nuestra Señora de Luján
Instructor: Pbro. Sergio Hay
Postuladora: Dra. Silvia Correale
Vicepostulador: Pbro. Sebastián Córdoba
Notarios: Ligia Doná y Griselda Tessore
Promotor de Justicia: Pbro. Luis Anaya
Víctor Manuel Schiavoni
Actor: Seminario Arquidiocesano de Paraná
Instructor: Pbro. Rubén Schmidt
Postulador: Julio César Cabrera
Vicepostulador: Javier Eduardo Balcar
Notarios: Desiree Marta Peñaloza
Pronotarios: Silvina Estela del Carmen Cepeda y Guillermo Fabián Mottroni
Promotor de Justicia: Pbro. Luis Alfredo Anaya.
Los peritos históricos para las causas son Celia Godoy, Fabiana Minatta y Ricardo Andrilli.

Fuente: Tal Cual Chajarí

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