| 12/06/2022
"Herido, vi la bandera blanca y fue un gran alivio el final de la guerra"
Oscar Bordón es un excombatiente oriundo de Monte Caseros que, al cumplirse 40 años del final del conflicto bélico, recordó los últimos días de bombas y muerte. También reveló la recomendación militar de no hablar de Malvinas y los problemas para rehacer su vida.

La guerra fue un infierno, pero más brutal fue el abandono, el ocultamiento, la indiferencia. Así puede resumirse lo que pasó hace 40 años cuando terminó el conflicto bélico de Malvinas que enfrentó a la Argentina con Gran Bretaña.

Los excombatientes volvieron a sus casas con el dolor a cuestas y una herida abierta que aún sigue sin cicatrizar. A las secuelas de la guerra en el cuerpo y la mente se le sumó el desamparo, la falta de trabajo y la marginación del gobierno y de gran parte de la sociedad.

Este 14 de junio se cumplen cuatro décadas del final de la guerra y Malvinas sigue siendo un eterno dolor para los argentinos, más allá de que en los últimos tiempos comenzó a florecer un reconocimiento que a modo de reivindicación alcanza a los exsoldados. Pero aún falta mucho. Es una deuda social por saldar, una más en el país.
La historia de Hugo Oscar Bordón representa a muchas de los excombatientes que sobrevivieron a los primeros años de la dura posguerra. Son, en definitiva, sobrevivientes de varias batallas.

Bordón nació en Monte Caseros y en su infancia era repartidor de leche en botellas de vidrio. "Vivía con los pies mojados todos los días, porque era así… teníamos que ir descalzos porque nuestras alpargatas las llevábamos bajo el brazo para que no se mojaran. Y a las 9 de la mañana me calzaba para ir a la escuela. Después volvía a hacer el mismo camino de reparto ya buscando las botellas vacías", recordó Oscar, como más se lo conoce.

En esa Monte Caseros de los 60, vivía con su mamá, su papá y su hermano menor, Atilio. De jovencito se fue a trabajar a Buenos Aires, pero como nunca había cambiado su domicilio en el documento, a los 18 años lo convocaron a hacer la colimba en Corrientes.

Así, en 1981 Bordón hizo el servicio militar en el Regimiento de Infantería Mecanizado 4 con asiento en su ciudad, Monte Caseros. Ya en el comienzo de 1982 tenía toda la expectativa de salir de baja, pero pasó lo de Malvinas y se quedó. Con su compañía viajó al sur del continente donde en un principio iban a quedar, pero de un día para el otro llegó la orden de cruzar a las islas: la guerra era inminente.

"Primero fuimos para quedarnos en Comodoro o Río Gallegos. Después, como faltaba gente, y como nosotros éramos un grupo de apoyo, nos subieron a un avión y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en Malvinas", recordó el exsoldado.

"Nos destinaron cerca de Puerto Argentino donde estuvimos un tiempo. Después de los primeros ataques del 1 de mayo, nos fuimos a Monte Harriet, donde estuvimos finalmente", detalló.

Los momentos más difíciles de la guerra pronto llegarían para el correntino. "Nos parecían extraños los combates que teníamos porque la mayoría eran jueves, viernes, sábado y domingo. No entendíamos por qué, eran los días que más teníamos que cuidarnos: no teníamos que hacer fogata, nada de humo, alumbrarnos con una linterna que daba poca luz porque tapábamos casi todo el foco. Era una lucecita que veíamos nosotros nomás. Así nos trasladábamos. Lo mismo le pasaba a los camiones y todo lo que transportábamos", indicó.

"Después, en el final el frío era intenso, nos quedamos sin comida: los últimos 15 o 20 días nos quedamos sin comida… no comíamos casi nada", recordó con dolor.

"Los últimos combates se producían casi de día porque si bien allá oscurecía a las 5 de la tarde, por tantas bengalas que tiraban los ingleses, parecía de día. Era para vernos con claridad y disparar", afirmó.

El día del final

En el caso de Bordón, el último día de combate fue el 13 de junio, 24 horas antes de la rendición oficial. "Nosotros teníamos nuestra posición a 600 o 700 metros de donde estaba el jefe del Regimiento 4. Y la parte de arriba la custodiaba el soldado Rojas, de Santo Tomé, y Báez, de Rosario", indicó.

Mientras se producían los más cruentos combates, Oscar cayó herido en una pierna. Con mucho dolor trató de mantenerse consciente y en esos momentos supo que todo había terminado. "Estaba caído, herido, cuando a lo lejos vi que sacaron una bandera blanca y supimos que era la rendición. Fue un gran alivio", acentuó el combatiente.

Luego, agregó: "Pasaron los ingleses, me pusieron una inyección... yo gritaba de dolor. Poco tiempo después me empezó a pasar y me colocaron en una camilla. Así esperé un día y medio… hasta que me vinieron a buscar, me llevaron y me curaron en el buque hospital británico".

"Siempre me trataron bien, no hubo problemas. Lo único que tardaron más de diez días para entregarme en el Uruguay, y de ahí me pasaron a Bahía Blanca luego a Campo de Mayo para seguir internado y rehabilitarme", subrayó.

Días de hospital

"Estuve un largo tiempo en el hospital militar y ahí entendí lo que era la kinesiología porque antes nunca estuve fracturado, no tuve ninguna herida... siempre trabajando, así que ahí viví lo que era una recuperación. Fue larga porque no se soldaban mis huesos por el enfriamiento que tuve en las islas", marcó.

Bordón pasó siete u ocho meses en rehabilitación. En esos momentos, "había un capitán que era director del hospital, que me llevó en la zona del frente de la capilla del lugar. Con otros dos soldados más, uno era Jorge Asqueri que hoy vive en Monte Caseros, y nos dijo que nos teníamos que olvidar de Malvinas, que esto era una circunstancia, que ya pasó, que estábamos todos bien, que lo peor ya había pasado. Que sigamos delante cada cual por su lado", rememoró el excombatiente.

En este sentido señaló: "Yo le dije que no. Que sí iba a hablar de Malvinas, que iba a contar lo que pasé y lo que pasaron mis compañeros también. Y bueno… nos metieron 15 días presos. Y después me entero que este señor, el que era capitán en ese momento, se había apropiado de dos niñas… así que saquen sus propias conclusiones", manifestó.

Vuelta a casa

Cuando Oscar volvió a Monte Caseros fue al regimiento a retirar su documento, "pero me preguntaron qué estaba haciendo ahí, porque figuraba como desaparecido. Ellos no tenían ninguna anotación, ningún papel de dónde yo estaba. A mi mamá le agarró un grado de hipertensión que hasta ahora sufre y es lo que más me duele. Porque fue al regimiento y le dijeron que no sabía dónde estaba yo, que de un momento a otro iba a aparecer o no. Y la largaron con las manos vacías".

"Eso es lo que más me duele hoy en día… a mi mamá gracias a Dios aún la tengo, mi padre ya falleció, pero eso que pasó es lo que más me duele en el alma", insistió.

Luego del reencuentro familiar, "en ese momento en el regimiento me pagaron unos 50 pesos, todo por haber está en combate, estar incorporado un año y ocho meses", resaltó y agregó a continuación: "Con esa plata me compré un pasaje de tren y me fui a trabajar a Buenos Aires como muchos lo hicieron. En ese momento éramos chicos, no ‘chicos de la guerra’, pero sí chicos de edad, con una maduración tremenda".

Al respecto resaltó: "Nosotros pensábamos como más grandes, estábamos mucho más golpeados, con muchos miedos en esos momentos. Para conseguir trabajo era toda una complicación. No lo podíamos conseguir en ningún lado porque el Estado o el Gobierno Militar de ese entonces nos dejó sin trabajo y nunca pudimos tener nada".

Luego de varias frustradas posibilidades de conseguir un puesto laboral, "trabajé muchos años lavando los coches del ferrocarril. Y con el tiempo pude conseguir un mejor trabajo y así me fui haciendo de a poco", indicó Oscar.

Recuperarse

Las secuelas de la guerra estaban en esa herida en la pierna y también en su cabeza. "Una vez, cuando lavaba los trenes pensé en tirarme debajo de uno y desaparecer. Después pensaba en mi mamá y decía que no puede ser, que quería seguir viviendo. Pero cuando la economía a veces te aprieta y no sabés para qué lado agarrar… eso duele", resaltó.

Pero Oscar pudo salir a flote y formó su familia. "A los 27 años fui papá y comparto mi vida con mi esposa Rosana Beatriz, excelente madre y mujer, y mis hijos son: Hugo Oscar, Rocío del Cielo Inés, Juan Emmanuel y Elizabeth Marianel. La más chica se llama así porque yo vine en el buque Queen Elizabeth II", indicó.

Oscar es directivo del Centro de Excombatientes de Monte Caseros y en la actualidad vive de su pensión y la producción de su campo.

Precisamente, reparte sus días entre la ciudad y el campo ubicado a 18 kilómetros donde tiene "unos animales, unos caballos, plantaciones de naranja, mandarina y limón", contó.

Así, se cierra el círculo del malvinero, con la vuelta de aquel chico del campo que repartía leche en botellas y andaba con los pies mojados, con este excombatiente que busca paz en medio del paisaje rural. Pero siempre, siempre, hablando de Malvinas pese a las mordazas que les quisieron imponer en el final de la guerra.

Fuente: Diario Época

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